El busto de Ajenatón del templo de KarnakEl busto de Ajenatón del templo de Karnak

De Amenofis IV a Ajenatón

El faraón Amenofis IV, que ascendió al trono hacia el año 1352 a. C., no tardó en cambiarse el nombre por el de Ajenatón (“el iluminado por el sol”), en honor a un culto casi exclusivo al dios sol. Al hacer esto, Ajenatón relegó a un segundo plano a Amón-Ra, el todopoderoso señor del templo de Karnak en Tebas.

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Buste d’Akhénaton, -1352 / -1335 avant Jésus-Christ, Grès, Musée du Louvre, Département des Antiquités égyptiennes

Una imagen reinventada del faraón

Al este del santuario de Amón, frente al sol naciente, Ajenatón mandó construir un patio gigantesco adornado con decenas de columnas en las que reposaban colosos de arenisca parecidos a este. La forma de representar al rey en ese lugar era completamente nueva. El soberano aparecía estirado hacia arriba, con la cara alargada, fina y angulosa; los ojos enormes y entornados; la nariz muy larga y marcada; los labios hipertrofiados; el mentón desproporcionado y la barba desmesurada. En aquellas esculturas que han logrado conservarse bien, el cuerpo de los colosos aparece en ocasiones desnudo y tratado de forma andrógina, con caderas casi femeninas y el vientre protuberante. Hasta entonces, nunca se había mostrado la desnudez del soberano reinante. Es posible que estas estatuas también representaran a Atón, que en lengua egipcia significa sol. De acuerdo con los textos antiguos, este era al mismo tiempo “el padre y la madre de los hombres”.

Una nueva concepción del poder

La nueva concepción del poder convertía al faraón y a su familia en la emanación directa del sol. Los tres pares de cartuchos que vemos en el pecho y las dos muñecas —inscritos en soportes rectangulares— no indican su nombre, como era habitual, sino el del sol, que lo baña con sus efectos benéficos: “Que viva (el dios sol) Ra-Horajty, que se alboroza en el horizonte” “en su nombre de luz, que es Atón”.

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uste d’Akhénaton, -1352 / -1335 avant Jésus-Christ, Grès, Musée du Louvre, Département des Antiquités égyptiennes. Détail : cartouches

La transformación de la imagen y la revolución política

Se desconocen los motivos de las extrañas deformaciones corporales de la imagen del faraón. Lo que se sabe a ciencia cierta es que se pretendía marcar una ruptura brutal con la situación anterior mediante la transformación inmediata y radical de las convenciones tradicionales de la imagen egipcia. Poner de forma consciente y deliberada formas artísticas novedosas al servicio de una ideología política supuso un planteamiento intelectual de una modernidad increíble que, por lo que sabemos, no tuvo parangón en toda la Antigüedad.