Las artes del islamEl patio Visconti

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Por las ventanas de algunas salas del palacio se puede ver una impresionante alfrombra de metal dorado, dentro de uno de los patios interiores. Se trata del edificio de cristal y traslúcido que alberga las artes del islam, inaugurado en 2012.

El origen de las artes del islam en el Louvre

Hablamos de artes del islam para referirnos a la producción artística de las culturas del mundo islámico. En el Louvre, ese espectro amplísimo de la historia del arte abarca desde el nacimiento de la religión musulmana en el 632 hasta el siglo 19 y comprende una vasta área geográfica que se extiende desde España hasta la India, pasando por el norte de África y Egipto.

Las primeras obras de arte islámico entraron en el Louvre en el momento de su creación, en 1793. Las primeras salas se remontan a 1893. En aquella época se hablaba de «artes musulmanas», pero esa denominación no remite a un arte religioso, sino a los territorios orientales y africanos de cultura principalmente islámica. Los fondos se enriquecieron enormemente a lo largo de los siglos 19 y 20, en una época en la que París era la capital mundial del gusto orientalista. En un principio, el Louvre presentó esta colección dentro del Departamento de Artes Decorativas y, más tarde, junto a las antigüedades orientales. Finalmente, en el año 2012 se instaló en un entorno arquitectónico concebido especialmente y se creó un departamento autónomo dedicado a esta civilización por decreto oficial del presidente de la República.

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Cour Visconti, toit du département des Arts de l'Islam Cour Visconti

En la actualidad, comprende más de 3 000 piezas que permiten descubrir la variedad y el lujo de una producción que perteneció a califas, sultanes y príncipes. En ella descubrimos el ingenio y la excelencia de los artistas gracias a cerámicas relucientes, en ocasiones con reflejos de oro o de azul de China; vasijas y jarrones de metal con incrustaciones de oro y plata, o marfiles tallados con delicadeza. Nos sumergimos también en el mundo fascinante de los paisajes, los jardines, las sedas, las alfombras y las escenas cotidianas de los palacios, a través de obras maestras pintadas en miniatura. Las magníficas lámparas de cristal esmaltado nos transportan a las mezquitas de El Cairo y los azulejos de cerámica de Iznik, a los monumentos de Estambul o de Isfahán.

Un edificio aparte dentro del museo

Esta estructura de cristal y metal es obra de los arquitectos Rudy Ricciotti y Mario Bellini y el escenógrafo Renaud Piérard. Está instalada en el patio Visconti, que antiguamente no estaba techado. Aquí solo se muestra la parte visible. Dentro, la colección está repartida en dos niveles, cada uno con un ambiente distinto.

El nivel superior se abre como una caja de cristal depositada en el patio, bajo un asombroso techado metálico ondulado. Duna de arena, vela o celosía: cada uno puede dar rienda suelta a su imaginación. Aquí, las obras están bañadas por luz natural, pero protegidas de los rayos del sol por la estructura de metal.

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Au premier plan : les fouilles de Suse ; à l'arrière-plan : le cimetière Salle 185, Aile Denon, Niveau -1

El nivel inferior, por el contrario, ofrece un ambiente misterioso y tamizado, digno de la cueva de Alí Babá. Las obras centellean con sus materiales preciosos y sus mil colores. Y nos arrastran a muchos viajes distintos por Oriente, entre Córdoba, El Cairo, Damasco, Bagdad, Alepo, Mosul, Estambul, Isfahán y Agra, ya en la India.

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Céramiques d'Iznik Salle 186, Aile Denon, Niveau -2

¿Sabías que...?

¡Un arma de lujo!

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Poignard à tête de cheval et son fourreau Salle 186, Aile Denon, Niveau -2

Obras destacadas

  • Pyxide au nom d'al-Mughira

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Una valiosa vasija

Esta es probablemente una de las obras maestras más famosas de la colección. Se trata de una vasija confeccionada con una sola plancha de latón y con incrustaciones de oro y plata. Representa una comitiva en la que se mezclan príncipes a caballo, cortesanos y cazadores, pero también numerosos animales: perros, halcones, guepardos y muchos otros...
Sin embargo, y aparte de su valor artístico, esta vasija es también muy conocida por haber formado parte del tesoro de los reyes de Francia durante largo tiempo. En concreto, se utilizó como baptisterio en el bautismo de Luis XIII y, mucho más tarde, en el del hijo de Napoleón III. A pesar de su prestigiosa historia, no se sabe ni cómo ni cuándo llegó a las colecciones reales. Pese al sobrenombre que la vincula al rey de Francia san Luis (1226-1270), el soberano no la utilizó nunca. ¿Cómo lo sabemos? Pues porque se creó unos cincuenta años después de su muerte.

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