
Zurbarán
07/10/2026 – 25/01/2027
BorreguilloFrancisco de Zurbarán
Borreguillo
Óleo sobre lienzo, 1635-1640
37,3 x 62 cm
Madrid, Museo del Prado, P007293
Un cordero de patas trabadas yace sobre una mesa gris. Su figura, aislada contra un fondo oscuro, concentra toda la atención del espectador. La composición, de una sencillez deliberada, remite al género del bodegón o naturaleza muerta. Aunque el animal aún esté vivo, en ella encontramos todos los códigos de representación propios del bodegón. Estas composiciones silenciosas, analizadas durante mucho tiempo a través del prisma de una exégesis puramente religiosa, se prestan hoy a interpretaciones más amplias, gracias a un conocimiento más exhaustivo de las prácticas de los talleres, del mercado del arte y de los coleccionistas de la España del siglo 17.

En La adoración de los pastores, pintada por Zurbarán para el retablo de la iglesia de la cartuja de Jerez de la Frontera, aparece un cordero que recuerda al del Prado. Se trata de uno de los presentes que los pastores ofrecen al niño Jesús. Más allá de la repetición de este elemento iconográfico en otros cuadros del artista, también se conocen cinco versiones diferentes de este motivo aislado, con algunas variantes, lo cual da fe de su buena acogida, probablemente entre clientes privados.

Dichas representaciones se dividen en dos grupos, según la morfología del animal y el contexto retórico en el que se inscriba. El primer grupo, al que pertenece el cordero del Prado, corresponde a la categoría de animales con cuernos y sin ninguna referencia religiosa. El segundo está formado por corderos desprovistos de cuernos y con la cabeza coronada por una aureola. Una inscripción en referencia al Agnus Dei subraya el carácter religioso de esas representaciones.

El tema del cordero apareció ya en los primeros siglos del cristianismo, en especial en un contexto funerario, con una dimensión sacrificial que hundía sus raíces en la tradición judía (sacrificio de Isaac) o, en un sentido más amplio, mediterránea (Hermes crióforo). La imagen, ampliamente difundida en la Edad Media y hasta la época moderna, remite a Cristo, designado en la liturgia como el "cordero de Dios que quita el pecado del mundo".

Así, ante la representación de un cordero atado, un espectador del siglo 17 entendía de inmediato la referencia al Agnus Dei, sin necesidad de elementos iconográficos explícitamente religiosos. En el caso del Borreguillo del Prado, el virtuosismo técnico del que hace gala Zurbarán en los minuciosos detalles del vellón del animal, sumado a la fuerza expresiva que se concentra en su mirada, confiere a la imagen una intensa carga emocional. Esa atmósfera explica el título de Agnus Dei que se atribuyó al cuadro durante mucho tiempo. En la actualidad se prefiere el de Borreguillo, designación sin referencias religiosas que fue adoptada por el pintor e historiador del arte Antonio Palomino a principios del siglo 18.
