
Zurbarán
07/10/2026 – 25/01/2027
San BuenaventuraFrancisco de Zurbarán
San Buenaventura en el Concilio de Lyon, hacia 1629
Óleo sobre lienzo, 250 x 225 cm
París, Museo del Louvre, Departamento de Pintura, MI 204
San Buenaventura en el Concilio de Lyon es el penúltimo de un ciclo de ocho cuadros que decoraban la nave de la iglesia del Colegio de San Buenaventura de Sevilla, fundado en 1601 por la orden franciscana para la educación de los futuros misioneros enviados a América. En 1626, el mercader de origen corso Tomás de Mañara Leca y Colonna y su mujer, Jerónima de Vincentelo, donaron una importante suma al colegio, probablemente para financiar ese conjunto. Así, al año siguiente Francisco de Herrera el Viejo recibió un primer encargo de seis cuadros, de los que entregó cuatro. En 1629, se confió a Zurbarán la ejecución de las cuatro composiciones restantes.

Las obras se colgaron encima de los grandes arcos, a ambos lados de la nave, empezando por las escenas de juventud pintadas por Herrera, entre ellas La curación de San Buenaventura niño por San Francisco y San Buenaventura recibe el hábito de san Francisco, y acabando con La exposición del cuerpo de san Buenaventura, de Zurbarán.

La elección del tema parecía adecuarse de forma natural a un centro de educación religiosa, dado que san Buenaventura (1217-1274), proclamado doctor de la Iglesia por Sixto V en 1586, fue uno de los principales teólogos medievales junto con Tomás de Aquino. Ministro general de la orden de los franciscanos tras doctorarse en la Sorbona en 1257, san Buenaventura publicó en 1263 una biografía de san Francisco de Asís que pasó a ser la única autorizada. En 1267, fundó en Roma la primera cofradía de penitentes. Consagrado cardenal-obispo de Albano en 1273, murió de unas fuertes fiebres al año siguiente, durante el Concilio de Lyon.

Gregorio X convocó el Concilio de Lyon en 1274 con el objetivo de emprender un acercamiento a la Iglesia ortodoxa griega. Este designó a san Buenaventura para reunirse con los representantes del emperador bizantino Miguel VIII Paleólogo e iniciar el debate doctrinal que debía conducir a la unión de ambas Iglesias.
Teniendo en cuenta la colocación de los cuadros en la iglesia, Zurbarán construyó su composición sobre una línea diagonal que cruza la pintura de abajo arriba, guiando la mirada del espectador hacia la figura central. Esta elección compositiva se acentúa por medio del contraste entre el rojo del paño situado bajo el difunto y el hábito de Buenaventura, que desentona con el blanco de la sobrepelliz, el gris claro de la arquitectura y la gama de azules predominante en la vestimenta de los eclesiásticos. El lenguaje gestual y la actitud de los protagonistas demuestran su adhesión a los argumentos defendidos por el santo. Se dedica también mucha atención al estudio de los rostros, pintados con rasgos individualizados a partir de modelos de distintas edades.



