
El Código de HammurabiEl Código de Hammurabi
Un monumento del derecho antiguo
La estela conocida como Código de Hammurabi, tallada en un bloque de basalto negro de más de 2,25 metros de altura, es uno de los monumentos más emblemáticos del Oriente Próximo antiguo. El texto, grabado hacia el 1750 a. C., no constituye un código en el sentido moderno del término. Se trata más bien de una amplia recopilación de jurisprudencia que recoge más de 282 decisiones judiciales dictadas por el rey de Babilonia Hammurabi. El conjunto, organizado en grandes capítulos —familia, propiedad, comercio, trabajo, etcétera—, abarca la mayor parte de los sectores de la sociedad de principios del segundo milenio e ilustra la manera en que los soberanos mesopotámicos impartían justicia.

Hammurabi, poderoso soberano garante de la justicia
En la parte superior de la estela, una escena en relieve muestra a Hammurabi en pie frente al dios sol Shamash, identificable por las llamas que le brotan de los hombros y por el reposapiés, que simboliza las montañas que cruza todas las mañanas. El dios le presenta al soberano las insignias del poder, cuyo ejercicio debe regirse por el respeto a la justicia y su cumplimiento, ámbito sobre el cual Shamash también ejerce autoridad.

Un descubrimiento fundamental en los albores del siglo 20
La estela, descubierta en 1902 durante las excavaciones francesas de Susa (Irán), se había trasladado hasta allí varios siglos después de su confección, como botín de guerra. El responsable de esto fue el soberano elamita Shutruk-Nahhunte, que reinó aproximadamente del 1185 al 1160 a. C. Desde 1904 se expone en el Louvre, donde es una de las piezas más destacadas del Departamento de Antigüedades Orientales.
“Ojo por ojo, diente por diente”
Los 282 capítulos que se conservan siguen una estructura uniforme, similar a la de los tratados de adivinación o de medicina. La primera parte, introducida por “si”, describe con sumo detalle una situación concreta; la segunda establece la solución o la pena correspondiente, a veces acompañada de una cláusula adicional encabezada por “asimismo”. Esta secuencia se denomina “prótasis-apódosis” (condición-consecuencia).
El capítulo 196 dispone: “Si alguien le saca un ojo a otra persona de su misma posición social, se le sacará un ojo”. Este capítulo se pone de relieve en la experiencia de realidad aumentada y refleja una forma de entender la reparación del daño, típica de las sociedades semíticas del Oriente Próximo antiguo, que desembocaría en la ley del talión: “Ojo por ojo, diente por diente”. Lejos de fomentar la venganza, esa regla determinaba en realidad que la sanción fuera estrictamente proporcional al daño producido. Por su ambición y su relevancia jurídica, el Código de Hammurabi sigue siendo un referente esencial de la historia del derecho y una ventana privilegiada a la sociedad del Oriente Próximo antiguo.